La población creciente conduce al hambre terrenal

Janet Larsen

Desde el comienzo de la agricultura antigua hasta mediados del siglo XX, las expansiones en la producción alimentaria mundial han provenido de expansiones del terreno agrícola. Entre 1950 y 1981, el área de cultivo cereal expandió de 587 millones de hectáreas al máximo histórico de 732 millones de hectáreas. (1 hectárea = 2,47 acres.) Antes del 2000, había bajado a 656 millones de hectáreas. Mientras tanto, la población expandiendo de 2,5 mil millones en 1950 a 6,1 mil millones en 2000, el área de cultivo por individuo se redujo de 0,23 a 0,11 hectáreas-la mitad del área del lote para una casa familiar en los suburbios de Estados Unidos.

Es poco probable que se expanderá mucho el área mundial de cultivo cereal, si es que expande, durante el próximo medio siglo. Gracias a los precios bajos para cereales en los años recientes, algunos agricultores han dejado las tierras margenales, mientras otros han abandonado campos degradados. Además, la agricultura en sí ha perdido millones de hectáreas de tierra de cultivo, bajo el pavimento de la urbanización excesiva.

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Zona de sequía amenaza el futuro de China

Polvareda encubriendo el noroeste chino, Mongolia, y las dos Coreas: 7 abril 2001 – Photo credit: © 2001 CNES, Vegetation Programme

Lester R. Brown

En el 18 de abril [2001], los científicos en el laboratorio de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), en Boulder, Colorado, informaron que una tempestad inmensa de polvo de China había alcanzado los Estados Unidos “cubriendo áreas de Canadá a Arizona con una capa de polvo.” Ellos informaron que por las estribaciones de las Rocosas, las montañas fueron oscurecidas por el polvo procedente de China.

Esta verdadera tempestad de polvo no vino como una sorpresa. En el 10 de marzo de 2001, The People’s Daily relató que la primera polvareda de la temporada —una de las más tempranas en el registro— había golpeado Pekín. Estas polvaredas, emparejadas con las del año pasado, han sido unos de las peores que se puede recordar, señalando un empeoramiento extendido de los terrenos de cultivo y de pasto en el noroeste vasto del país.

Estas enormes volutas de polvo suelen viajar cientos de millas hasta llegar en las ciudades populosas del nordeste del país, incluso Beijing, oscureciendo el sol, reduciendo la visibilidad, impidiendo el tráfico y cerrando los aeropuertos. Informes sobre habitantes de las ciudades del este sellando ventanas con trapos viejos para protegerse del polvo recuerdan la Gran Sequía estadounidense de los 30.

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Pavimentar el planeta

EL COCHE Y LA COSECHA COMPITEN POR LA TIERRA
Lester R. Brown

Al entrar en un siglo nuevo, la competencia entre el coche y la cosecha por el terreno en cultivo se intensifica. Hasta la fecha, el terreno en cultivo se ha visto cubierton con pavimentos sólo en los países industrializados, donde residen el 80 por ciento de los 520 millones de automóviles del mundo. Pero ahora, más y más tierra agrícola se sacrifica en los países en desarrollo con poblaciones hambrientas, poniendo en cuestión el papel futuro del automóvil.

Millones de hectáreas de tierra cultivada en los países industrializados se habría pavimentado para crear carreteras y parkings. Cada coche estadounidense, por ejemplo, necesita un promedio de 0,07 hectáreas (0,18 acres) de tierra pavimentada para el tránsito y para el estacionamiento. Por cada cinco coches que se añaden al flota de Estados Unidos, un área igual a una cancha de fútbol se cubre con asfalto. Con más frecuencia que no, se pavimenta la tierra cultivada simplemente porque los suelos llanos y bien desaguados que son ideales para el cultivo también son ideales para la construcción de carreteras. Una vez pavimentada, la tierra no se puede reclamar fácilmente. Como observó el medioambientista Rupert Cutler, “El asfalto es la última cosecha.”

Estados Unidos, con sus 214 millones de automóviles, ha pavimentado 6,3 millones de kilómetros (3,9 millones de millas) de carretera, bastante como para dar 157 vueltas a la tierra, a la altura del ecuador. Además de las carreteras, los automóviles exigen espacio para estacionarse. Imagina un estacionamiento para 214 millones de coches y camiones. Si resulta demasiado difícil, intenta visualizar un estacionamiento para 1.000 coches, y entonces imagina 214.000 de éstos juntos.

No importa cómo lo imaginamos, el área que Estados Unidos dedica a sus camino y estacionamientos cubre aproximadamente 16 millones de hectáreas (61.000 millas cuadradas), una extensión que alcanza los 21 millones de hectáreas que sembraron con trigo los agricultores estadounidenses el año pasado. Pero este pavimentar del terreno de los países industrializados se demora mientras se acercan a una saturación del mercado para automóviles. En Estados Unidos, hay tres vehículos para cada cuatro personas. En Europa occidental como en Japón, hay uno para cada dos personas.

En los países todavía en desarrollo, donde la flota de automóviles es todavía pequeña y donde la tierra en cultivo es escasa, el pavimentar de la tierra sólo está a punto de comenzar. Más y más de los 11 millones de coches que se añaden cada año al flota automóvil mundial de 520 millones se encuentran en los países en desarrollo. Así que la guerra entre el coche y la cosecha se lucha por los campos de trigo y los arrozales de los países donde el hambre es común. El resultado de este conflicto en China y en India, dos países que juntos representan el 38 por ciento de la población mundial, decidirá la seguridad alimentaria de todo el mundo.

Las sociedades industriales, densamente pobladas y organizadas alrededor del coche, como Alemania, Reino Unido y Japón, han pavimentado un promedio de 0,02 hectáreas por vehículo. Y en el proceso, han perdido partes de su terreno agrícola más productivo. De manera semejante, India y China también se enfrentan con una presión aguda sobre su recurso de terreno agrícola, gracia a la industrialización. Aunque China tiene más o menos la misma área de Estados Unidos, su población de 1,3 mil millones se concentra en sólo la tercera parte del país, una faja de tierra de mil millas en las costas orientales y sureñas donde se ubica el terreno de cultivo.

Si China, algún día, alcanzara la tasa de posesión de automóviles de Japón-un coche para cada dos personas-tendría una flota de 640 millones, comparado con sólo 13 millones hoy. Mientras parezca rebuscada la idea de tal flota de automóviles, sólo tenemos que recordar que China ya ha superado a Estados Unidos en la producción de acero, el uso de abono del suelo, y en la producción de carne de vaca. Es una economía inmensa y entre todas, desde 1980, también la economía que crece con más rapidez.

Suponiendo que 0,02 hectáreas de terreno por vehículo se pavimentan en China, como en Europa y en Japón, una flota de 640 millones de coches necesitaría que se pavimenten 13 millones de hectáreas de terreno, la mayoría del cuál probablemente será tierra agrícola. Este número es más que la mitad de los 23 millones de hectáreas de arrozal de China, una parte de las que se dedica a sembrar el doble de lo normal, para poder producir 135 millones de toneladas de arroz, clave alimentario principal. Cuando los agricultores del sur de China pierden un hectárea de arrozal doble-sembrado al automóvil, su producción de arroz sufre un golpe doble. Aún con un coche para cada cuatro personas, la mitad de la proporción propietaria de Japón, se consumiría gran cantidad de tierra bajo cultivo.

La situación de la India es semejante. Mientras India sólo tiene una extensión geográfica de la tercera parte de China, también cuenta con 1 billón de personas y ahora tiene 8 millones de automóviles. Mientras se expanden rápidamente sus aldeas y sus ciudades, reclaman tierra bajo cultivo. Añadiendo la tierra que se pavimentará para los automóviles, India también se enfrentará con una pérdida tremenda de tierra bajo cultivo. Ningún país con la expectativa de un aumento de la población por unos 515 millones de personas para el 2050 puede arriesgar la pérdida de tierra agrícola valiosa al asfalto de las carreteras y los estacionamientos.

No hay bastante tierra ni en China, ni en India, ni en los demás países de población densa, como Indonesia, Bangladesh, Pakistán, Irán, Egipto y México, como para sustentar un sistema de transporte basado en el automóvil, y alimentar a su población a la vez. La competencia entre el coche y la cosecha por la tierra se hace una competencia entre los ricos y los pobres, entre los que pueden comprar automóviles y los que casi no pueden comprar ni los alimentos básicos.

Los gobiernos que subvencionan una infraestructura para automóviles con ingresos coleccionados de la población entera, en efecto, coleccionan dinero de los pobres para sustentar los coches de los ricos. Al subvencionar el desarrollo de un sistema de transporte basado en el automóvil, estos gobiernos también subvencionan la pérdida inevitable de tierras bajo cultivo al pavimento. Si, como ahora parece probable, la posesión de automóviles no se extiende más allá de la minoría rica en los países en desarrollo, tales subvenciones se convierten cada vez más en un traslado constante y más o menos invisible de ingresos de los pobres a los ricos.

En un mundo hambriento por tierras escasas, ha llegado la hora de estudiar de nuevo el futuro del automóvil, la hora de diseñar sistemas de transporte que proporcionen movilidad para la población entera, no sólo para las minorías ricas, y que lo hagan sin poner en peligro la seguridad alimentaria. Cuando se anunció en Beijing, en 1994, que China quería hacer de la industria de automóviles un sector de expansión económica durante las próximas décadas, un grupo de científicos eminentes-entre ellos varios miembros de la Adademia Nacional de Ciencias-produjo un informe poniendo a prueba la decisión. Señalaron varias razones por las que China no debería desarrollar un sistema de transporte basado en el coche, la primera siendo no tenía el terreno agrícola bastante para alimentar a la población y para dedicar al automóvil.

El equipo de científicos sugirió que en vez de construír una infraestructura para automóviles de carreteras y estacionamientos, China debería dedicarse a a desarrollar un sistema avanzado de ferrocarriles ligeros, potenciado por autobuses y bicicletas. No sólo ofrecería movilidad a mucho más gente que un sistema congestionado basado en el automóvil, sino que también protegería las tierras agrícolas.

Hay muchas razones por las que oponer la meta de construír sistemas de transporte basados en el automóvil en todas partes, razones que incluyen el cambio climático, la contaminación aérea, y la congestión del tránsito. Pero la pérdida de tierra agrícola de por sí es suficiente. Casi todas de los 3 mil millones de personas que se añadirán a la población mundial actual de 6 mil millones durante el próximo medio siglo nacerán en países en desarrollo, donde no existe la tierra bastante para alimentar a todos y para sustentar al automóvil. La seguridad alimentaria del futuro ahora depende de la modificación de presupuestos para el transporte-para invertir menos en la infraestructura de carreteras y más en una para trenes y bicicletas.

  • World Automobile Production and Fleet, 1950-2000 (36k, approx. 9 sec at 33.6 speed)
  • Land Area Consumed by the Car in Selected Countries (40k, approx. 10 sec at 33.6 speed)

Tablas de datos:

Publicación inicial (inglés): 14 febrero 2001
(http://www.earth-policy.org/plan_b_updates/2001/alert12)
Reproducido en traducción con permiso del Earth Policy Institute
Copyright © 2001 Earth Policy Institute
Traducción al castellano: Joseph Robertson

El crecimiento de la población condena a millones a la pobreza hidrológica

Lester R. Brown

En un momento cuando las sequías en Estados Unidos, Etiopía y Afganistán, se presentan en los noticieros, es fácil olvidar que ahora mismo surgen escaseces de agua mucho más serias, mientras la demanda por el agua en muchos países simplemente supera el abastecimiento. Los niveles de agua subterránea están bajando en todos los continentes. Literalmente veintenas de países se enfrentan con escaseces de agua, mientras caen los niveles de agua subterránea y los pozos se secan.

Vivimos en un mundo desafiado por el agua, y cada año más, con 80 millones de personas nuevas reclamando su porción del abastecimiento planetario de agua. Desafortunadamente, casi todos los 3 mil millones de personas que se calcula añadiremos a la población mundial durante el próximo medio siglo provendrán de países que ya padecen escasez de agua. Aún ahora, mucha gente de tales países no le basta el agua disponible para beber, para satisfacer necesidades higiénicas y para producir alimentos.

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