Earth Policy Institute, Economía verde, Precio carbónico
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Modificar el sistema de impuestos para proteger el medio ambiente

Bernie Fischlowitz-Roberts—traducción al español, primera publicación 25 julio 2002

La siguiente traducción se llevó a cabo en el 2002. En ese momento, se daban cuenta los economistas más atentos de que cambiar el sistema de impuestos podría provocar grandes cambios en el sistema de distribución de energía, ya que se veía en Alemania el comienzo de una revolución verde. Durante los 8 años 1999-2007, Alemania llegó a ser no sólo líder mundial en exportación de tecnologías de energía limpia, sino a controlar el 70% del mercado global.

En el 2010, el informe Building a Green Economy explicó este proceso y reveló que la tecnología de energía limpia era capaz de abastecer muchas veces la demanda actual nacional de EE.UU. Republicamos ahora este informe del 2002, como noticia actual, porque en el Congreso de EE.UU. se ha propuesto un impuesto sobre las emisiones de dióxido de carbono, y creemos que es importante mostrar que esta política puede, de manera previsible, iniciar una solución económica a la crisis climática global.

Muchos países han establecido impuestos sobre actividades y productos que hacen daño al medio ambiente, cortando el impuesto sobre ingresos. El rango del traslado de impuestos ha sido relativamente pequeño hasta ahora, formando sólo el 3 por ciento de impuestos coleccionados alrededor del mundo. Sin embargo, se hace cada vez más claro que hay países que reconocen la potencia de modificar el sistema de impuestos para alcanzar metas medioambientales.

El precio del mercado por un galón de gasolina, por ejemplo, refleja el costo de taladrar, extraer, refinar y transportar el petróleo. El precio del mercado no incluye los costos de la contaminación atmosférica y de la lluvia ácida producidas cuando se quema la gasolina, ni la contribución al cambio climático evidenciado en las temperaturas elevadas, niveles marinas elevadas, y tormentas más destructoras. Subir los impuestos sobre actividades y productos que hacen daño al medio ambiente se hace con el fin de alinear los precios del mercado con los costos verdaderos.

Alemania, un líder en el traslado de impuestos, ha establecido una reforma medioambiental de impuestos en varias etapas, reduciendo el impuesto sobre ingresos y subiendo impuestos energéticos. En 1999, el país aumentó sus impuestos sobre la gasolina, petróleo de calefacción y gas natural, y adoptó un impuesto nuevo sobre la electricidad. Estos ingresos se utilizaron para reducir las contribuciones exigidos de empleadores y empleados al fondo de pensiones. Gracias a una preocupación con la competencia internacional, la subida del impuesto engergético fue más pequeño para muchas industrias exigentes en el consumo de energía.

En 2000, Alemania redujo aún más su impuesto sobre ingresos y aumentó los impuestos sobre combustibles para automóviles y electricidad. Como resultado, la venta de combustibles para automóviles fueron 5 por ciento más bajos en la primera mitad de 2001 que en la misma parte de 1999. Entretanto, agencias de carpooling vieron un crecimiento de 25 por ciento durante la primera mitad de 2000. Hasta la fecha, Alemania ha trasladado 2 por ciento de su obligación de impuestos de ingresos a actividades que dañan el medio ambiente.

Una parte de la reforma medioambiental de impuestos del Reino Unido incluyó un impuesto sobre combustibles que sube regularmente y se llama la “escalera mecánica de impuestos sobre combustibles” (fuel duty escalator), que funcionó entre 1993 y 1999. El resultado fue una reducción en el consumo de combustibles en el sector de transporte por carretera y la eficiencia mediana de camiones de más de 33 toneladas subió por 13 por ciento entre 1993 y 1998. El diesel superbajo en azufre gozó de un impuesto más bajo que el diesel normal, y eso causó un salto de 5 por ciento del mercado doméstico de diesel en julio de 1998 a 43 por ciento en febrero de 1999; a finales de 1999, la nación se había convertido al diesel superbajo en azufre.

Países Bajos también ha trasladado impuestos hacia actividades que dañan el medio ambiente. Un impuesto general sobre combustibles, originalmente establecido en 1988 y modificado en 1992, ahora se aplica a los combustibles de fósil; los impuestos se basan tanto en los contenidos carbónicos como en la capacidad energética del combustible. Entre 1996 y 1998, se estableció un Impuesto Energético Regulador (RET) que se dirigió al gas natural, a la electricidad, al combustible y al petróleo para calefacción. A diferencia del impuesto sobre combustibles, que se diseñó alrededor de la generación de ingresos, la intención detrás del RET fue la modificación de la conducta consumidora creando estímulos para la eficiencia energética. Para mantener la competencia, grandes usuarios de energía es excluyeron de los impuestos, así que este impuesto se aplicó en su mayor parte al individuo.

Como el 60 por ciento de los ingresos de estos impuestos holandeses provienen de casas familiares, la carga se alivio con una reducción del impuesto sobre ingresos. El 40 por ciento de los impuestos coleccionados de negocios se recicló a través de tres mecanismos: una reducción de la contribución exigida del empleador a la seguridad social, una reducción del impuesto sobre ingresos corporativos, y una subida de la exención para el autoempleado. Este traslado de impuestos ha causado una subida de los costos caseros, que ha resultado en una reducción de 15 por ciento del consumo casero de electricidad y una reducción de entre 5 y 10 por ciento en el uso de combustibles.

En 1990, Finlandia estableció un impuesto sobre el dióxido de carbono (CO2). Antes de 1998, la emisiones nacionales de CO2 habían bajado por 7 por ciento. Los impuestos medioambientales de Finlandia, como la mayoría de tales impuestos, son poco uniformes: el impuesto sobre la electricidad cuesta más para casas familiares y el sector de servicios que para la industria.

El experimento sueco con el traslado de impuestos comenzó en 1991, cuando subió los impuestos sobre emisiones carbónicas y sulfúricas, reduciendo el impuesto sobre ingresos. Las industrias de fabricación recibieron exenciones y reembolsos por muchos de los impuestos medioambientales, fijando su tasa de impuestos a la mitad de la de casas familiares. En 2001, el gobierno sueco subió el impuesto sobre combustible de diesel, petróleo de calefacción y electricidad, mientras bajó el impuesto sobre ingresos y las contribuciones exigidas a la seguridad social. El 6 por ciento todos los ingresos gubernamentales en Suecia se ha trasladado. Esto ayuda a Suecia a reducir emisiones de gases invernaderos en un plazo más corto que se esperaba. Un acuerdo político entre el gobierno y la oposición necesitó una reducción de 4 por ciento bajo los niveles de 1990 antes de 2012. Sin embargo, antes del 2000, las emisiones ya habían bajado or 3,9 por ciento de los niveles de 1990-gracias en gran parte a los impuestos energéticos.

Las miríadas exenciones que se cedieron a las industrias energéticamente exigentes en el programa del traslado de impuestos, que se dirigió a preocupaciones legítimas con la competencia, demoran la creación de un sistema de impuestos más eficaz. El uso de ajustes fronterizas de impuestos-donde las empresas reciben reembolsos de impuestos medioambientales en el acto de exportar y se someten a impuestos medioambientales domésticos al importar-pueden esegurar la competencia internacional sin exenciones especiales.

Eliminar las subvenciones para industrias que destruyen el medio ambiente también ayudará al mercado a producir información más precisa. Globalmente, las subvenciones que facilitan la destrucción medioambiental sobrepasan $500 mil millones al año. Mientras las subvenciones gubernamentales invitan actividades que los impuestos intentan abatir, la eficacia del traslado de impuestos será limitada.

Si se construyen bien, los traslados de impuestos pueden mejorar la eficacia de los mercados, incorporando más de los costos indirectos de mercancías y servicios en los precios y modificando la conducta de consumidores y de productores. El surgimiento en Dinamarca de una industria pionera en turbinas eólicas, por ejemplo, es un resultado de los impuestos daneses sobre combustibles de fósil y sobre electricidad, que son de los más elevados del mundo. Estas acciones también han estimulado la venta de instrumentos energéticamente eficientes y han expandido otras costrumbres que conservan la energía.

Aumentar la base de impuestos, para incluír más productos y servicios con impactos medioambientales negativos mejoraría la eficacia del traslado de impuestos. El combustible aéreo, por ejemplo, está libre de impuestos alrededor del planeta, a pesar del hecho de que emisiones aéreas causan 3,5 por ciento de la calentación global. Por otra parte, discusiones recientes en Europa sobre la posibilidad de establecer impuestos sobre el combustible para motores de reacción, una noticia prometedora. Tales impuestos podrían retardar el crecimiento proyeccionado para el tráfico aéreo mundial y alentar a los fabricadores a mejorar su eficiencia para reducir el consumo del combustible para motores de reacción.

El fin de modificar el sistema de impuestos es hacer que el mercado diga la verdad ecológica. Hasta ahora, el traslado de impuestos se ha limitado en su extensión, pero han producido resultados positivos, si modestos. La creación de una economía ecológica exige traslados de impuestos de una extensión más amplia, y de una magnitud más gruesa, para que se incorporen en los precios los costos medioambientales y para producir los cambios necesarios en la conducta tanto colectiva como individual.

Véase los datos: http://www.earth-policy.org/Updates/Update14_data.htm

Publicación inicial (inglés): 25 julio 2002
Publicación inicial de la presente traducción: 2002
(http://www.earth-policy.org/Updates/Update14.htm)
Reproducido en traducción con permiso del Earth Policy Institute
Copyright © 2002 Earth Policy Institute
Traducción al castellano: Joseph Robertson

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