Desestabilidad climática, Economía verde, Participación democrática, Precio carbónico
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Tasa sobre emisiones con dividendo: para un futuro próspero y sostenible

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Tasa → dividendo → sencillo

  • Tasa sobre emisiones de dióxido de carbono 
  • Dividendo pagado en cheque mensual a cada hogar, en igual cantidad
  • Señal de precio al mercado de invertir en alternativas
  • 90% reducción de emisiones por debajo del nivel de 1990 en el 2050

En la crisis climático-energética, necesitamos soluciones sabias, formidables y asequibles. Es necesario construir cuanto antes una economía verde y sostenible, una economía a base de recursos energéticos limpios y condicionada para sostener una prosperidad no corrosiva.

La mejor manera de promover la inyección masiva de capital privado en el proceso de re-invención del mercado energético es usar la política nacional para dar una señal de valor al mercado. Y si es posible, hacerlo sin castigar al consumidor ni gastar dinero federal.

Y se puede hacer, con un sistema sencillo de tasa y dividendo. La tasa es un precio que tiene que pagar el proveedor de cualquier tipo de combustible emisor de dióxido de carbono. Se paga al momento de entrar el carbono en la economía: la mina, el pozo, el puerto de entrada.

Cien por ciento de los ingresos que provienen de la tasa se dedican al dividendo, un cheque que recibe cada hogar cada mes, para cubrir cualquier subida de costo debido a la reacción de los proveedores de combustible emisor de dióxido de carbono.

Cada hogar recibirá un “cheque verde” mensual, devolviendo a los consumidores el poder de decisión sobre la forma y el contenido del mercado energético. La tasa y el dividendo, ambos, subirán cada año, para dejar claro a los inversores que el futuro no está en recursos y prácticas con altos costos escondidos.

Los costos externalizados se internalizan a la industria emisora. El inversor tiene un motivo claro, y afirmativo, de sustituir prácticas ineficaces y corrosivas con prácticas eficaces generadoras de más amplio valor.

A los pocos años, la energía limpia—eólica (viento), solar, geotérmica e hidroeléctrica, ya competitivos en muchos sitios—será decisivamente más económica y más rentable. El plan devuelve al consumidor el poder de dar forma al portafolios energético de su mercado y al empresario la libertad de decidir cuál es la mejor manera de competir.

El mercado irá cambiando a su ritmo, pero con una señal clara que muestra el costo entero de cada recurso.

El resultado será una economía verde, limpia y sostenible, en la que el valor de la contribución de uno mismo podrá reestablecerse. La relación entre la economía humana y la ecología de los sistemas naturales podrá volver a un equilibrio próspero duradero.

El capital tendrá que dedicarse a la innovación, porque la innovación, la eficacia, la limpieza de los recursos energéticos tendrán prioridad. Así, el mercado capital, el mercado de las ideas, y el mercado energético, pueden seguir abiertos y racionales, proporcionando beneficios no sólo en el momento, sino para el futuro también.

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  1. Pingback: El desarraigo climático necesita acción política y comercial « Futurismo Verde

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