Earth Policy Institute, Economía verde, Futuro global, La pobreza, Suministro alimenticio
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Hay que reducir la economía burbuja antes de que se reviente

Lester R. Brown

“Estamos creando una economía de burbuja-una economía cuya producción parece falsamente hinchada por el abuso del capital natural de la Tierra,” dice Lester R. Brown en su libro nuevo, PLAN B: RESCUING A PLANET UNDER STRESS AND A CIVILIZATION IN TROUBLE (Disponible gratis en formato PDF: http://www.earth-policy.org/Books/index.htm)

“Cada año la burbuja crece, mientras exigimos cada vez más de la Tierra. El problema para esta generación es la reducción de la burbuja económica global, antes de que se estalle,” dice Brown, Presidente y Fundador del Earth Policy Institute, organización de investigación independiente, en Washington, D.C.

Durante la mayoría de la historia humana, vivimos de la cosecha sostenible de la Tierra-el interés de su dotación natural. Pero ahora estamos consumiendo la dotación en sí. Nuestra producción económica corriente se basa en parte en el hábito de cortar árboles antes de que puedan crecer, de pacer demasiado los terrenos de pasto y convertirlos en desierto, de sacarles demasiado agua de las reservas naturales, y de secar los ríos. Sobre mucho del terreno en cultivo, la erosión terrenal excede la formación de tierra nueva-privando la tierra de su fertilidad inherente. Sacamos peces del océano antes de que puedan reproducir su población.

“Estamos emitiendo más dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera de lo que pueda absorber, estimulando el efecto invernadero. Una subida de niveles de CO2 atmosférico promete una subida de temperatura durante este siglo que podría igualar toda la subida desde la ultima Edad de Hielo hasta el presente,” anota Brown en PLAN B, que recibió apoyo financiero del Fondo de Población de la ONU.

La economía de burbuja no es nueva. Los norteamericanos que invirtieron en valores de alta tecnología vieron una de cerca cuando la burbuja del NASDAQ, sistema de medir tales valores, explotó en el año 2000, bajando por un 75 por ciento. Los japoneses experimentaron algo semejante en 1989, cuando se explotó la burbuja de bienes inmuebles, reduciendo valores por un 60 por ciento. Como resultado de las ramificaciones de deudas malas y los demás efectos de este derrumbe, la economía japonesa, antes dinámica, ha languidecido, medio hundido, hasta el presente.

Los desplomes de estas dos burbujas afectó directamente a la gente que vive en Occidente industrial y en Japón. Pero si la burbuja basada en el sobreconsumo del capital natural de la Tierra se desploma, causará daño al mundo entero.

Hasta ahora las consecuencias de la mayoría del consumo excesivo del capital natural, como la agotación de acuíferos, pesqueras agonizantes, y la deforestación, han sido localizadas. Pero en número y extensión, estos eventos ahora alcanzan el punto de implicación global.

Los alimentos parecen formar el sector económico más vulnerable al retraso, en mayor parte porque los avances productivos sorprendentes de las últimas décadas se basaron en la extracción y el cultivo excesivos. La extracción excesiva de agua es un fenómeno históricamente reciente, porque las poderosas bombas eléctricas o de diesel sólo han sido comunes durante el último medio siglo. Los acuíferos sufren extracción excesiva en veintenas de páises, incluyendo la China, la India, y los Estados Unidos, los cuales juntos forman casi la mitad de la cosecha mundial de cereales.

La extracción excesiva crea el espejismo peligroso de la seguridad alimentaria, porque es una manera de aumentar la producción alimentaria actual que casi asegura una caída en la producción futura cuando se agota el acuífero. En el pasado, los efectos de la agotación de acuíferos en cuanto a la producción alimentaria se limitaba a los países menos poblados, como Arabia Saudí, pero ahora están surgiendo en la China.

Tras una expansión notable, de 90 millones de toneladas en 1950 a la cúspide histórica de 390 millones de toneladas en 1998, la cosecha cereal de China ha caído a unos 330 millones de toneladas en 2003. Esta caída de 60 millones de toneladas sobrepasa la cosecha nacional de Canadá. Hasta ahora, China ha reducido el efecto de la escasez sacándole cereales a su inmensa reserva nacional. Sólo podrá seguir así por uno o dos años más, cuando tendrá que importar cantidades enormes de cereales.

Comprar en el mercado internacional significa comprar de Estados Unidos, el exportador más grande de cereales del mundo, lo cual puede causar una situación política delicada, si 1,3 mil millones de consumidores chinos, con una sobra comercial de $100 mil millones con Estados Unidos, competirán con el mercado estadounidense por los cereales de ese país, subiendo los precios de alimentos.

La escasez de agua, como se ve en China, se vuelve global en extensión, cruzando fronteras nacionales a través del comercio internacional de cereales. Los países que se enfrentan con una escasez de agua importan agua en los cereales importados. Como se necesita mil toneladas de agua para producir una tonelada de cereales, ésta es la manera más económica de importar agua. Los cereales se han hecho el efectivo con el que mucho países equilibran sus cuentas de agua. El comercio de futuros cereales ahora significa comercio de futuros de agua.

La generación actual de agricultores se enfrenta con las temperaturas más altas de toda la historia de la agricultura. Los 16 años más cálidas desde el comienzo de los archivos en 1880 han ocurrido todos después de 1980. Los tres años más calientes que jamás se han apuntado-1998, 2001 y 2002-ocurriendo en los últimos cinco, calenturas récord amenazan la cosecha. Ecólogos de cosecha con el Instituto Internacional de Investigación del Arroz en las Filipinas, y con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, han desarrollado una regla general de que cada subida de un grado de temperatura durante la temporada de cultivo reduce la cosecha un 10 por ciento.

La bajada de nivel de agua en reserva, con temperaturas que suben, facilita explicar por qué la cosecha cereal mundial no ha alcanzado el nivel de consumo durante cuatro años seguidos, disminuyendo reservas cereales mundiales hasta el nivel más bajo en toda una generación. Si sigue este déficit cereal, causará un aumento de precios que podría destabilizar gobiernos y empobrecer a más personas que ningún evento en toda la historia.

“El Plan A-el negocio de siempre-no funciona. Está creando una economía burbuja. El libro PLAN B describe cómo reducir la burbuja económica antes de que se revente,” dice Brown. “Esto significa, por ejemplo, reducir la demanda por agua al nivel de extracción sostenible para los acuíferos, con avances en la productividad hidrológica y una reducción general de la extensión familiar. Como la mayoría de los 3 mil millones de personas que añadiremos a la población global antes de 2050 nacerán en países que ya padecen escaseces de agua, la presión sobre las reservas se aumentará. Si la población no se estabiliza pronto, la situación respecto al agua será incontrolable en varios países.”

Acelerar la introducción de familias más pequeñas y de una población estable significa abastecer a las mujeres servicios de salud reproductiva, cerrar la brecha de reproducción planeada, e invertir grandes cantidades en la educación, para ensegurar que se alcance la meta de la ONU de educación primaria universal para 2015. Cuanto más educación tienen las mujeres, más opciones tendrán y menos hijos eligirán tener. Ahora tenemos la riqueza y el conocimiento para conquistar la pobreza que contribuye al crecimiento rápido de la población.

“Evitar los daños que causarán temperaturas más altas para la cosecha significa acción inmediata para estabilizar el clima. En PLAN B,” explica Brown, “sugiero cortar emisiones carbónicas globales por la mitad, antes de 2015. Esto es una meta alcanzable, según sugieren varios estudios recientes. Si las temperaturas más altas reducen las cosechas, la presión popular para dejar atrás el carbón y el petróleo a cambio de gas natural, poder eólico e hidrógeno se aumentará alrededor del mundo.”

Una paso simple, como reemplazar bombillas incandescentes anticuadas con bombillas fluorescentes compactas y altamente eficientes, facilitaría el cerrarse cientos de plantas generadoras que usan carbón. Reemplazar envases de bebida no-rellenables, como latas de aluminio, con botellas rellenables cortaría el uso de energía por un 90 por ciento. Si todos los conductores de Estados Unidos cambiaron sus vehículos actuales, con motores de combustión interna, por coches con motores híbridos, como el Prius de Toyota o el Insight de Honda, el uso de gasolina se cortaría por la mitad. La reducción de emisiones carbónicas por la mitad tiene menos que ver con tecnología y más con iniciativa política.

“No sólo hay que estabilizar la población, mejorar productividad hidrológica, y estabilizar el clima, sino hay que hacerlo a la velocidad asociada con un esfuerzo de guerra. La clave para cambiar rápidamente la economía enérgica basada en el carbón por una basada en hidrógeno es incorporar los costos del cambio climático, incluídas las temperaturas que amenazan la cosecha, tormentas más destructivas, y el nivel subido del mar, en los precios de los combustibles de fósil. Necesitamos hacer que el mercado diga la verdad ecológica.”

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) ha calculado los costos para la sociedad de fumar un paquete de cigarrillos-incluyendo los costos de enfermedades relacionadas con fumar y la pérdida de productividad-a unos $7,18 por paquete. ¿Es el costo para la sociedad de consumir un galón de gasolina más o menos que el de fumar un paquete de cigarrillos?

“Desafortunadamente,” dice Brown, “desde el 11 de septiembre de 2001, los líderes políticos y los medios globales han estado preocupados con el terrorismo y, últimamente, con la invasión de Irak. El terrorismo es un problema serio, sin duda, pero si Osama Bin Laden y sus seguidores tienen éxito en desviar nuestra atención de las tendencias medioambientales que amenazan nuestro futuro, hasta que sea demasiado tarde, habrán alcanzado su meta de una manera que no imaginaron.”

Una de las claves para reducir la burbuja es redefinir la seguridad-reconocer el hecho de que las amenazas militares a nuestro futuro se verán eclipsadas por amenazas medioambientales como la bajada de niveles de agua y la subida de temperaturas. Redefinir la amenaza significa redefinir las prioridades, trasladar recursos de la fuerza militar a la estabilización de población y de clima. Desafortunadamente, Estados Unidos sigue invirtiendo agresivamente en una fuerza militar cada vez más potente, como si eso fuera buen respuesta a las nuevas amenazas que dibujan nuestro futuro.

El presupuesto de defensa de $343 mil millones de Estados Unidos empequeñece los presupuestos de otro países-tanto de aliados como de otros. Los aliados de Estados Unidos gastan unos $205 mil millones al año; Rusia gasta $60 mil millones; China, $42 mil millones; e Irán, Irak y Corea del Norte juntos gastan $12 mil millones. Como bien observó el finado Eugene Carroll, almirante estadounidense, “Durante 45 años de Guerra Fría, estuvimos en una carrera de armamentos con la Unión Soviética; ahora parece que estamos en una carrera de armamentos con nosotros mismos.”

La urgencia con la que ahora se enfrenta todo el mundo es por lo menos tan grande como la que Estados Unidos afrontó cuando mobilizó para la guerra durante los primeros años de los 1940. No sólo se modificó la estructura económica dentro de un solo año, sino que la industria de automóviles-en ese momento la concentración más grande de poder industrial en todo el mundo, produciendo 3 millones de coches al año-se cerró y se convirtió a la producción de tanques, camiones blindados de transporte, y aviones.

Hoy el riesgo mundial es aún más severo. Estudiamos los sitios arquelógicos de civilizaciones anteriores que se basaron en el sobreconsumo de capital natural.

“Avances en la tecnología y en la acumulación de la riqueza nos facilita construír un mundo nuevo,” dice Brown, “un mundo mucho más estable y seguro que el que ahora tenemos. Podemos vivir una vida mucho más rica y satisfecha ahora, sin poner en peligro las posibilidades de generaciones futuras.”

“Podemos quedarnos con el negocio de siempre y ser la generación que dirige la economía burbuja global, que sigue hinchándose hasta que se reviente,” concluye Brown. “O, podemos ser la generación que estabiliza la población, extirpar la pobreza, y estabilizar el clima. Los historiadores apuntarán la elección, pero será nuestra responsabilidad elegir.”

Publicación inicial (inglés): 4 septiembre 2003
(News Release)
Reproducido en traducción con permiso del Earth Policy Institute
Copyright © 2003 Earth Policy Institute
Traducción al castellano: Joseph Robertson

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