Desestabilidad climática, Earth Policy Institute, Salud oceánica
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Nivel marino elevado fuerza la evacuación de un país insular

Lester R. Brown

Los líderes de Túvalu —páis insular diminuto situado a mitad del viaje entre Hawaii y Australia, en el Océano Pacífico— han reconocido su derrota en la lucha contra el mar subiente, anunciando que abandonarán su patria. Tras el rechazo de Australia, los tuvaluanos pidieron a Nueva Zelandia a aceptar su población de 11.000, pero no han alcanzado ningún acuerdo.

Durante mediadios del siglo XX, el nivel marino subió por entre 20 y 30 centímetros (8-12 pulgadas). El Grupo Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) calcula que el nivel marino subirá por un metro durante este siglo. El nivel marino sube gracias a la disolución glacial y la expansión termal del océano como resultado del cambio climático. Esto, a su vez, se debe al nivel atmosférico elevado de CO2, producto de quemar combustibles de fósil.

Mientras se sube el nivel marino, Túvalu ha visto la inundación de sus tierras bajas. La invasión de agua salada contamina el agua potable y dificulta la producción alimentaria. La erosión costera está comiendo las nueve islas del país.

Las temperaturas elevadas que hacen subir el nivel marino también traen tempestades más destructoras. Las temperaturas elevadas del agua superficial en las zonas trópicas y subtrópicas sueltan más energía a la atmósfera, contribuyendo a la potencia de los sistemas de tormenta. Paani Laupepa, un oficial del gobierno tuvaluano, observa un nivel extraordinariamente alto de ciclones tropicales durante la última década. (Los ciclones tropicales se llaman huracanes cuando ocurren sobre el Océano Atlántico.)

Laupepa critica con amargura a Estados Unidos por abandonar el Protocolo de Kyoto, el acuerdo internacional para la reducción de emisiones carbónicas. Le explicó a un corresponsal de la BBC que “al rechazar el Protocolo, Estados Unidos efectivamente ha negado a las generaciones futuras de tuvaluanos su libertad fundamental de vivir donde han vivido nuestros antepasados durante miles de años.”

No es un problema nuevo para los líderes de países insulares. En octubre de 1987, Maumoon Abdul Gayoom, Presidente de las Maldivias, observó en un discurso apasionado a la Asamblea General de las Naciones Unidas que un nivel marino elevado amenazaba su país. En sus palabras, su páis de 311.000 individuos fue “una nación en peligro”. Con la mayoría de sus 1.196 islas diminutas a escasamente 2 metros sobre el nivel marino, la supervivencia de las Maldivias estaría en peligro con una subida de sólo un metro del nivel marino, en el caso de una marea de tempestad.

Túvalu es el primer país que intenta evacuarse por un nivel marino elevado, pero es probable que no será el último. Busca una patria nueva para sus 11.000 habitantes, pero ¿qué pasará con los 311.000 maldivianos en peligro de una evacuación forzada? ¿Qué haremos por los demás millones que viven en países bajos que podrían juntarse pronto al flujo de refugiados climáticos? ¿Quién los aceptará? ¿Tendrán las Naciones Unidas que desarrollar un sistema de cuotas para inmigrantes climáticos, repartiendo los refugiados entre los países según el tamaño de su población? ¿O seguirá el repartimiento la contribución de países individuales al cambio climático que causó el destierro?

Sintiéndose amenazados por un cambio climático sobre el que tienen poco control, los países insulares se han organizado en la Alianza de Países Insulares Pequeños, grupo formado en 1990 especificamente para solicitar a favor de los países más vulnerables al cambio climático.

Además de las naciones insulares, países costeras con tierras bajas también padecen la amenaza de un nivel marino elevado. En 2000, el Banco Mundial publicó un mapa que enseñó que una subida de un metro del nivel marino inundaría la mitad del terreno de cultivo de arroz de Bangladesh. (Véase el mapa, p. 36, en el capítulo 2 de Eco-Economy.) Con la expectativa para este siglo de una subida de un metro del nivel marino, los bangladeshíes se verían forzados a evacuarse nor por miles sino por millones. En un país con 134 millones de personas-ya uno de los países más densamente poblados del planeta-tal situación sería una experiencia traumática. ¿A dónde irán estos refugiados climáticos?

Llanos inundados para el cultivo del arroz en otros países de Asia también sufrirían, incluídos India, Tailandia, Viet Nam, Indonesia y China. Con una subida de 1 metro del nivel marino, más de la tercera parte de Shanghai estaría bajo el mar. Para la China entera, 70 millones de personas serían vulnerables a una marea de tempestad centenaria (la peor en un siglo).

El efecto del nivel marino elevado que más fácilmente se mide es la inundación de las zonas costeras. Donald F. Boesch, con el Centro para las Ciencias Medioambientales de la Universidad de Maryland, calcula que por cada milímetro de subida del nivel marino, la costa retrocede por un promedio de 1,5 metros. Así que, si el nivel marino sube por un metro, la costa retrocederá por 1.500 metros, o casi una milla.

Con tal subida, Estados Unidos perdería 36.000 kilómetros cuadrados (14.000 millas cuadradas) de tierra-con los estados del Atlántico central y del Golfo de México la parte más grande. Grandes trozos de la parte sur de Manhattan y el Capitol Mall de Washington, D.C., se inundarían con agua marina durante una marea de tempestad mediocentenaria (la peor en medio siglo).

Un equipo del Instituto Oceanográfico de Woods Hole ha calculado la pérdida de tierra para Massachúsetts, gracias al nivel marino elevado estimulado por la calentación global. Aprovechando unas estimaciones más o menos conservadoras de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos sobre la subida del nivel marino hasta 2025, calcularon que Massachúsetts perdería entre 7.500 y 10.000 acres (de 3.035 a 4.047 hectáreas) de tierra. Basándose en sólo la estimación más baja, y un valor mínimo de $1 millón por acre de propiedad costera, el resultado sería una pérdida de $7,5 mil millones de propiedad especialmente cara antes de 2025. Unas de las 72 comunidades costeras que figuraron en los cálculos perderían mucho más tierra que otros. Nantúcket podría perder más de 6 acres al año y Falmouth 3,8 acres al año.

Es probable que los precios de inmuebles en las zonas costeras serán de las primeras señales económicas de la subida del nivel marino. Los que han invertido mucho en propiedades al lado del mar sufrirán más. Una subida de medio metro del nivel marino podría causar pérdidas de entre $20 y $150 mil millones en Estados Unidos. Las propiedades frente al mar, tal como plantas nucleares generadoras, casi se han hecho inensegurable-como han descubierto muchos propietarios de Florida.

Muchos países en desarrollo que ya luchan con el crecimiento de la población y una competencia intensa por el espacio residencial y agrícola, ahora se enfrentan con el problema de un nivel marino elevado y pérdidas terrenales substanciales. Varios de los más directamente afectados por la subida del nivel marino son los que han contribuido menos a la acumulación del dióxido de carbono amosférico que ha causado el problema.

Mientras la gente de Estados Unidos se enfrenta con la pérdida de propiedades valiosas frente al mar, los pueblos de islas de tierra baja se enfrentan con algo mucho más serio: la pérdida de su existencia nacional. Se sienten terrorizados por la política energética estadounidense, pensando en Estados Unidos como una nación fugitiva, indiferente a su peligro y sin voluntad de colaborar con la comunidad internacional para efectuar el Protocolo de Kyoto.

Por la primera vez desde el comienzo de la civilización, el nivel marino ha comenzado a subir a una velocidad que se puede medir. Se ha convertido en una señal clave, una tendencia que podría forzar una migración humana de extensión que casi no se puede imaginar. También introduce preguntas sin precedente sobre la responsabilidad hacia otras naciones y hacia las generaciones futuras.

Publicación inicial (inglés): 15 noviembre 2001
(http://www.earth-policy.org/plan_b_updates/2001/update2)
Reproducido en traducción con permiso del Earth Policy Institute
Copyright © 2001 Earth Policy Institute
Traducción al castellano: Joseph Robertson

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