Agua potable, Earth Policy Institute, La pobreza, Suministro alimenticio
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El crecimiento de la población condena a millones a la pobreza hidrológica

Lester R. Brown

En un momento cuando las sequías en Estados Unidos, Etiopía y Afganistán, se presentan en los noticieros, es fácil olvidar que ahora mismo surgen escaseces de agua mucho más serias, mientras la demanda por el agua en muchos países simplemente supera el abastecimiento. Los niveles de agua subterránea están bajando en todos los continentes. Literalmente veintenas de países se enfrentan con escaseces de agua, mientras caen los niveles de agua subterránea y los pozos se secan.

Vivimos en un mundo desafiado por el agua, y cada año más, con 80 millones de personas nuevas reclamando su porción del abastecimiento planetario de agua. Desafortunadamente, casi todos los 3 mil millones de personas que se calcula añadiremos a la población mundial durante el próximo medio siglo provendrán de países que ya padecen escasez de agua. Aún ahora, mucha gente de tales países no le basta el agua disponible para beber, para satisfacer necesidades higiénicas y para producir alimentos.

Antes del 2050, se calcula que India añadirá 519 millones de personas y China 211 millones. Se calcula que Pakistán añadirá casi 200 millones, creciendo de 151 millones actuales a 348 millones. Se espera que Egipto, Irán y México aumentarán sus poblaciones por más de la mitad antes del 2050. En éstos y otros países carentes de agua, el crecimiento de población condena a millones de personas a la pobreza hidrológica, una forma local de pobreza difícil de superar.

Ya con una población de 6 mil millones de personas, nuestro mundo tiene un déficit inmenso de agua. Sandra Postel, autora de Columna de arena: Puede el milagro del regadío perdurar?, con datos sobre la extracción excesiva en China, India, Arabia Saudí, el Norte de Africa y Estados Unidos, calcula que el agotamiento de acuíferos se mide a unos 160 mil millones de metros cúbicos, o 160 mil millones de toneladas, al año. Siguiendo la regla general de que se requiere 1.000 toneladas de agua para producir 1 tonelada de cereales, este déficit de 160 mil millones de toneladas iguala 160 millones de toneladas de cereales, o la mitad de la cosecha cereal de Estados Unidos.

Con un promedio de consumo cereal de justo más de 300 kilogramos, o la tercera parte de una tonelada, por individuo por año, esto alimentaría 480 millones de personas. Dicho de otra manera, 480 millones de los 6 mil millones de personas que hay en el mundo se alimentan con cereales producidos con el uso insostenible del agua.

La extracción excesiva es un fenómeno nuevo, perteneciendo más o menos al último medio siglo. Sólo tras el desarrollo de las potentes bombas eléctricas y de diesel hemos sido capaces de extraer de los acuíferos más agua que se devuelve por precipitación.

Un 70 por ciento del agua consumido globalmente, incluyendo tanto el agua que se desvía de los ríos como la que se extrae de las reservas subterráneas, se utiliza para el regadío, mientras un 20 por ciento se utiliza en la industria y un 10 por ciento por razones caseras. En la competencia por el agua, cada vez más severa entre sectores, casi siempre se pierde la agricultura. Los 1.000 toneladas de agua que se utilizan en India para producir 1 tonelada de trigo, que se vale a unos $200 fácilmente podría utilizarse para aumentar la producción industrial por unos $10.000, o una expansión 50 veces más grande. Esta relación ayuda explicar por qué, en el oeste de Estados Unidos, la venta de los derechos de regadío de los agricultores a la ciudades ocurre diariamente.

Además del crecimiento de población, la urbanización y la industrialización también aumentan la demanda por el agua. Cuando los aldeanos de un país en desarrollo, que por tradición dependían del pozo de la aldea, se trasladan a los bloques de apartamentos urbanos, con su sistema interno de plomería, el uso casero de agua puede triplicarse fácilmente. La industrialización requiere aún más agua que la urbanización.

La subida de riqueza personal aumenta la demanda por el agua, de por sí. Cuando el ser humano mediano sube la escalera alimentaria, y consume más carne de vaca, más carne de puerco, más aves de corral, más huevos y productos de lechería, se utiliza más cereales. La dieta de Estados Unidos, rico en productos de ganado, requiere unos 800 kilogramos de cereales por individuo por año, comparado con la dieta de India, dominada por un alimento clave rico en almidón, como el arroz, normalmente necesita sólo 200 kilogramos. Utilizar cuatro veces la cantidad de cereales por individuo significa utilizar cuatro veces el agua.

Antes un fenómeno local, la escasez de agua ahora cruza fronteras nacionales, con el comercio cereal internacional. El mercado importador de cereales que crece más rápidamente incluye el norte de Africa y el Oriente Próximo, zona que incluye Maruecos, Argelia, Tunisia, Libia, Egipto, y el Oriente Próximo hasta Irán. Casi todos los países de esta región padecen escaseces de agua y un crecimiento rápido de población.

Cuando se aumenta la demanda en las ciudades e industrias de la región, se satisface con el desvío de agua de regadío. La pérdida en la capacidad productiva alimentaria se equilibra entonces importando cereales extranjeros. Como 1 tonelada de cereales representa 1.000 toneladas de agua, esto se convierte en la manera más económica de importar agua.

El año pasado, Irán importó 7 millones de toneladas de trigo, eclipsando Japón para hacerse el importador principal de trigo del planeta. Este año, se calcula que Egipto sobrepasará a Japón. Irán y Egipto tienen casi 70 millones de personas cada uno. Las dos poblaciones crecen por más de un millón al año y las dos están llegando al límite de su abastecimiento de agua.

El agua necesaria para producir los cereales y demás alimentos importados al norte de Africa y al Oriente Próximo el año pasado es más o menos igual al fluír anual del Nilo. Dicho de otra manera, el déficit rápidamente creciente de esta región es igual a otro Nilo añadido a la región en forma de cereales importados.

Se dice ahora con frecuencia que las guerras futuras de la región probablemente tendrán que ver con el agua, en vez del petróleo. Quizás, pero dada la dificultad de ganar una guerra por el agua, parece que la competencia por el agua probablemente ocurrirá en los mercados mundiales de cereales. Los países que “ganen” esta competencia serán aquellos que tienen más fuerza financiera, no los con más fuerza militar.

El déficit mundial de agua crece cada año, haciendo aún más difícil su manejo. Si decidimos estabilizar de repente y en todas partes los niveles de agua subterránea, simplemente por extraer menos agua, la cosecha cereal mundial se reduciría por unos 160 millones de toneladas, o por 8 por ciento, y los precios de cereales subirían sin parar. Si el déficit sigue creciendo, la corrección venidera será aún más difícil.

Si los gobiernos de países con escasez de agua no actúan de inmediato para estabilizar la población y mejorar la productividad hidrológica, sus escaseces de agua podrían convertirse en escaseces alimentarias. El riesgo es que el número creciente de países con escasez de agua, incluídos los gigantes en población, China e India, con necesidad creciente de importar cereales, abrumarán el abastecimiento exportable de países con abundancia alimentaria, como Estados Unidos, Canadá y Australia. Esto, a su vez, podría destabilizar los mercados cereales mundiales.

Otro riesgo de una demora en responder al déficit es que unos países de bajo-ingreso con escasez de agua, no podrán importar los cereales necesarios, aíslando millones de sus ciudadanos en una pobreza hidrológica, sedientos y hambrientos, sin poder escapar.

Aunque todavía hayan algunas oportunidades para desarrollar nuevos recursos hidrológicos, restaurar el equilibrio entre el uso de agua y el abastecimiento sostenible dependerá en primer lugar de iniciativas relacionadas con la demanda, como estabilizar la población y mejorar la productividad hidrológica.

Los gobiernos no pueden seguir separarando la política de población del abastecimiento de agua. Y como el mundo se dedicó al mejoramiento de la productividad terrenal hace medio siglo, cuando las fronteras del establecimiento agrícola desaparecieron, ahora debería dedicarse al mejoramiento de la productividad hidrológica. El primer paso hacia esta meta sería eliminar las subvenciones de agua que promocionan la ineficacia. El segundo paso sería subir el precio de agua para reflejar su costo verdadero. Cambiar a tecnologías más hidrológicamente eficaces, cosechas más hidrológicamente eficaces, y formas de proteína animal más hidrológicamente eficaces, ofrece inmensas posibilidades para el mejoramiento de la productividad hidrológica. Estos cambios ocurrirán más rápidamente si el precio del agua mejor expresa su valor verdadero.

Tablas de datos:

Publicación inicial (inglés): 21 junio 2000
(http://www.earth-policy.org/plan_b_updates/2000/alert4)
Reproducido en traducción con permiso del Earth Policy Institute
Copyright © 2000 Earth Policy Institute
Traducción al castellano: Joseph Robertson

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